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La muerte rápida y lenta del curanderismo Q’eqchi’

POR LIZA GRANDIA

Lea el original en Debates Indígenas.

El asesinato de Don Domingo Choc Che pone de relieve el fanatismo religioso que se vive en Guatemala y la sistemática violencia que sufren los sanadores al ser sospechados de brujería. El fundamentalismo pentecostal se ha convertido en un racismo que persigue a la sabiduría milenaria maya que sobrevive a través de las familias y comunidades. La acusación de “brujería” a cualquier enfermedad o desgracia es la punta del iceberg de una intolerancia y discriminación que se remonta a la colonia y el conflicto interno.

En tiempos milenarios enmarcados por los temores medievales de la pandemia de Covid-19, la noticia del linchamiento de Don Domingo Choc Che de Chimay, una aldea en las estribaciones de San Luis al sureste de Petén, rápidamente dio la vuelta al mundo. Fue un reconocido curandero especializado en los traumas emocionales que formó parte de un equipo etnobotánico internacional sobre remedios para el cáncer. "Quemaron al brujo" fue el titular que se viralizó en Facebook la mañana siguiente. Su colaboradora guatemalteca de la Universidad del Valle, la Dra. Mónica Berger, afirmó: “Matarlo es como haber quemado una biblioteca”. Mientras me obligaba a mirar el video de su atroz asesinato, pensé en el famoso mural en Mérida, México, del Obispo Diego de Landa, quien en un acto de fe en 1562 quemó 27 códices mayas y miles de piezas de arte. Haber prendido fuego a un libro maya andante en 2020 subraya el fracaso de Guatemala para enfrentar su propia historia de trauma nacional y cumplir los Acuerdos de Paz de 1996.

Fanatismo religioso, racismo y conflicto interno

Al igual que George Floyd, el hombre afroamericano asfixiado a plena luz del día en los Estados Unidos (una de las miles víctimas injustamente asesinadas por la policía), Don Domingo no fue el primer sanador en ser asesinado. Ni será el último. Su muerte también fue filmada por espectadores. Como el movimiento Black Lives Matter ha insistido, existe un sistema de racismo estructural e impunidad que ha tolerado la brutalidad policial durante décadas. En el caso de Domingo Choc de 55 años, los asesinos han sido arrestados, pero el fanatismo religioso que los incitó permanece.

De hecho, esa misma noche la Iglesia del Calvario de Chimay transmitió en vivo su servicio regular en Facebook como si fuera un día común y corriente. Si bien la identidad religiosa de los perpetradores sigue siendo desconocida, el Calvario es una de las seis iglesias que existen en esta comunidad empobrecida: cuatro congregaciones pentecostales y una católica carismática además de la católica. Inmediatamente, el Vicariato Apostólico de Petén comunicó que no se trataba de un “rechazo a la cultura", sino de “un problema de dos familias”. ¿Fue así de simple?

La semana siguiente, la familia del periodista Q'eqchi’ Elias Caal Oxom huyó de su comunidad de las tierras altas para evitar un linchamiento, mientras que en una aldea en las tierras bajas de Petén, Las Pozas, se tomó a una pareja de rehén bajo la acusación de "brujería" por la misteriosa muerte de otro miembro de la comunidad. Por su lado, Prensa Comunitaria informó 20 nombres de curanderos, costumbristas o guías espirituales asesinados en los últimos 16 años en todo Guatemala. Las historias de curanderos expulsados de sus comunidades directamente no se cuentan.

Hay que resaltar que este problema no es exclusivo de las comunidades Q’eqchi’es de Petén. La creencia en la brujería es generalizada en ladinos (mestizos), itzá y mayeros (término petenero para emigrantes mexicanos indígenas de hace varias generaciones), incluso entre la élite blanca a la que pertenecen los presidentes guatemaltecos. Estas creencias se remontan a 1523, cuando los españoles que invadieron Guatemala trajeron las ideas medievales sobre la brujería, hechicería, presagios y otras supersticiones feudales. Tras la quema de códices mayas, los sistemas médicos milenarios sobrevivieron oralmente a través de familias y comunidades, lo cual condujo a una mayor especialización de la curación.

Hoy en día, el pueblo Q'eqchi’ sostiene una variedad de sanadores: como Don Domingo, hay curanderos herbalistas o Aj Ilonel, adivinos, creadores de oraciones, hueseros, quienes tratan mordeduras de serpientes, aquellos que curan enfermedades infantiles como el "susto" y el "mal de ojo", y consejos de ancianos que sirven como sanadores a nivel social dando bendiciones a los cultivos, edificios, y proyectos de desarrollo. Como resultado de la migración, la dispersión y el colapso demográfico, la partería se convirtió en una profesión masculina (de “comadronos”) y existen partos asistidos por los esposos en la región de Q’eqchi’, aunque los programas estatales y de ONG modernos han apoyado la ascensión de las mujeres en la profesión. Con la excepción de las comadronas, los fanáticos religiosos considerarían todo lo anterior como agentes del diablo.

Con la firma de la paz y la pavimentación de carreteras y la reducción de los costos de transporte en Petén, los líderes Q’eqchi’es comenzaron a entrenar con avidez con los ancianos del altiplano como guías espirituales (Ajqi’jeb’). Todos combinan la atención a la salud entrelazada del cuerpo, el espíritu y la comunidad, que los no creyentes pueden malinterpretar como “supersticiones”.

Sin duda, el conflicto interno amplificó y dividió a las comunidades por religión. En particular, la dictadura del reverendo y general Efraín Ríos Montt intentó sistemáticamente erradicar el liderazgo maya, especialmente sus referentes espirituales y curanderos. Al ser una zona de combate entre la guerrilla y el ejército, la conversión evangélica se aceleró en Petén, una región fronteriza con población relativamente joven, carencia de recursos financieros y un número mínimo de ancianos necesarios para reconstituir los elaborados sistemas de “cargo” de las tierras altas.

En la década de 1980, Petén fue el departamento con mayor número de iglesias protestantes per cápita. Mientras, la Iglesia católica giró hacia la rama de la teología de la liberación, que respondió a la amenaza evangélica aceptando o resignándose al sincretismo: los sacerdotes de las parroquias fueron invitados a dar misa durante el mayejak, la ceremonia Q'eqchi’ más importante para la cohesión comunitaria que los fundamentalistas condenan como satánica. Estas descalificaciones son las que terminan dividiendo a las comunidades y ocultan los demonios reales: los narcos, los latifundistas, los ganaderos o las compañías mineras que saquean las tierras del territorio Q’eqchi’.

Foto: Liza Grandia

El camino de un curandero

Odiados y amados, los curanderos recorren un camino difícil y solitario. Algunos heredan el papel a través de signos o fechas de nacimiento. Para otros, es una profesión familiar. Muchos encuentran este destino por necesidad: para curarse a sí mismos o a un miembro de la familia. De hecho, muchos curanderos cuentan historias dramáticas de muerte cercana e instrucciones enviadas por sueños que deben estudiar para curarse a sí mismos. Cualquier persona con un deseo o un don, y los recursos para aprenderlo, puede llevarlo a cabo, incluso si sus padres no eran curanderos.

Por su lado, los aspirantes a aprendices deben buscar un maestro solos, ofreciendo obsequios, dinero y trabajo, al mismo tiempo que prometen otro modo de soledad (como la abstinencia sexual, k’ajb’ak) durante su entrenamiento. Por meses, memorizan oraciones antes de ser presentados a las plantas. Si no se recitan correctamente, el aprendiz puede enfermarse gravemente. Aprender cientos de plantas, las reglas de su cosecha, dosis y preparación es un desafío enorme.

Otras habilidades incluyen la lectura del pulso, la comprensión de los patrones humorales, los tratamientos con espinas similares a la acupuntura, el conocimiento de las dietas calientes o frías, el uso de piedras curativas o cristales, los masajes, la lectura de espuma de huevo, la interpretación de los sueños y los primeros auxilios para heridas. Al igual que los curanderos chinos de qi, los diagnósticos más talentosos pueden ver el campo energético de un paciente o detectar enfermedades por el olfato. Con estas destrezas, los curanderos se destacan en curar enfermedades que los protocolos alopáticos (en base a medicinas y drogas) occidentales no pueden.

Si bien no todos los curanderos son capacitados en el calendario maya como los guías espirituales, los verdaderos sanadores deben poder ingresar al mundo espiritual para diagnosticar y curar. La leyenda dice que un sanador verdaderamente poderoso no será dañado por serpientes u otros animales peligrosos en el bosque: simplemente dejarán pasar al curandero en paz. Esto también es lo que los hace sospechoso para sus hermanos pentecostales Q’eqchi'es, incluso a pesar de que ellos mismos admiran el "milagro" del manejo de serpientes venenosas en el culto. En la cosmovisión maya, cada persona tiene una dualidad, con capacidad tanto para el bien como para el mal. La naturaleza misma de su trabajo hace que los curanderos sean muy susceptibles a las sospechas de brujería o al uso de sus poderes curativos para causar daño.

La acusación de “brujería” como explicación de las enfermedades

Cuando los cuatro perpetradores Q’eqchi’es del asesinato fueron capturados, uno explicó con calma que Don Domingo Choc había causado la muerte de su padre por una dolencia misteriosa y merecía ser castigado. En cada pueblo en el que he trabajado durante los últimos 27 años, he escuchado historias parecidas de maldiciones por celos económicos, relaciones extramaritales, disputas de tierras, accidentes desafortunados, enfermedades extrañas no diagnosticadas por médicos, presagios de muerte u objetos enterrados en jardines y tumbas. En todos los casos, los acusados ​​de ser brujos solían ser excelentes curanderos inocentes. Como antropóloga interesada en los patrones de migración, noté la alta frecuencia con la que los curanderos relataron que se habían trasladado o, más probablemente, huido con solo la ropa en la espalda y la mano pesada del destino.

La gente va a seguir buscando en la “brujería” explicaciones por sus desgracias o la salvación de dolencias misteriosas que los médicos occidentales no pudieron curar. Hay un aumento alarmante en Guatemala de las enfermedades autoinmunes, los cánceres, las migrañas, las alergias, los defectos de nacimiento y otras dolencias misteriosas relacionadas con la exposición tóxica y las consecuencias epigenéticas de los traumas históricos.

Mis notas de campo contienen docenas de historias de personas que estaban sufriendo de diabetes, VIH o cáncer, pero sus vecinos pensaban que estaban maldecidos. Después de que sobreviví a un linfoma en 2008, recordé a una mujer joven de la aldea Saxb'atz con un bulto aterrador en sus adenoides que estaba convencida de que sus suegros le habían deseado el daño. Con los signos que describió (pulsación en el estómago, pérdida de apetito, sudores nocturnos, dolor en todo el cuerpo como veneno de serpiente y ardor en la piel) reconocí por mi propia experiencia como síntomas de linfoma metastásico.

Mi artículo reciente, Toxic Tropics, documenta cómo el envenenamiento por pesticidas y otros productos tóxicos comunes del hogar puede causar quemaduras dermatológicas y síntomas neurológicos fácilmente interpretados como brujería. Con el Covid-19, un virus desconocido cuyos síntomas en múltiples órganos ha desconcertado incluso a los médicos y las propias enfermeras infectadas, las acusaciones de “brujería” (especialmente la sospecha de fumar un puro a alguien) pueden acelerarse.

Liza Grandia entrevista, en 2004, a un curandero en Toledo, Belice.

Políticas públicas para un cambio estructural

No obstante, la coyuntura de la pandemia mundial y el linchamiento de Don Domingo tal vez presente un cambio estructural. Sin precedentes en la historia de Guatemala, el presidente Alejandro Giammattei, quien también es médico, viajó a Petén para grabar un mensaje junto con el obispo local y otros líderes mayas pidiendo la unidad y anunció la formación de una "mesa de diálogo".

Al igual que el movimiento Black Lives Matter, hay que ir más allá de la conversación para hacer cambios estructurales como reasignar los presupuestos de la policía a trabajadores sociales o proyectos comunitarios. En Guatemala, los promotores comunitarios de salud y los sanadores mayas han sostenido un sistema de salud público diezmado por el ajuste estructural y otras políticas neoliberales impuestas por el Banco Mundial. La pandemia actual hizo visible para los residentes urbanos las debilidades del sistema de salud que han sufrido los pueblos rurales por siglos.

La horrenda muerte de Don Domingo fue rápida y furiosa. Sin embargo, la mayor amenaza para los curanderos de Q’eqchi’ es el desgaste lento: la pérdida de plantas a través de la deforestación, la indiferencia de los jóvenes para aprender y el fundamentalismo religioso. Sobre todo, Guatemala debe examinar las actividades de los misioneros extranjeros con el mismo interés con el que investiga a las plagas como la mosca del Mediterráneo.

Un modelo posible es la Asociación de Curanderos Q’eqchi’es en Bélice formado para compartir información, discutir las mejores prácticas de confidencialidad en el tratamiento de pacientes sospechosos de ser hechizados, determinar cómo comercializar su trabajo, y reclutar y capacitar a aprendices en grupos para reducir barreras de costos. Sin incentivos así, al ver a Don Domingo perecer en Facebook, los jóvenes de Q’eqchi’ podrían abandonar sus destinos como sanadores.

Más allá de seguir las sabias recomendaciones de su propio informe ministerial, Normas con Pertinencia Cultural, otros programas para mantener el interés de las nuevas generaciones en este patrimonio biocultural pueden incluir aplicaciones en teléfonos celulares para ayudar a memorizar plantas, políticas más claras para prevenir la bioprospección, tarjetas de identificación para curanderos que son también guías espirituales y, espacios y recursos para que los sanadores desarrollen apoyo mutuo para sostener y reproducir la biblioteca milenaria conservada en sus cabezas a una nueva generación.

Liza Grandia es Ph.D. en Antropología y profesora del Departamento de Estudios de Americanos Nativos de la Universidad de California en Davis. Además, dirige el Centro de Investigación Indígena de las Américas y es coordinadora del Q’eqchi’ Scholars Network, una red de investigadores comprometidos con la justicia social y ambiental en territorio Q’eqchi’.

Etiquetas: Noticias

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