La violencia epistémica contra los pueblos indígenas

POR SILVEL ELÍAS

Lea el original en Debates Indígenas.

La injusticia sobre la validez del conocimiento ancestral ha sido una de las tantas prácticas racistas establecidas por la colonia. Durante cinco siglos, hubo un ataque sistemático para acabar con las maneras de producir, conservar y transmitir la sabiduría de los pueblos originarios. En las últimas décadas, el fundamentalismo religioso ha reeditado esta violencia simbólica para dividir a las comunidades indígenas y beneficiar la instalación de proyectos extractivos y monocultivos agrícolas a gran escala.

La violencia epistémica es una consecuencia de la injusticia epistémica, es decir, la prerrogativa estructural que un sistema de conocimientos, autopercibido como más certero y valioso, tiene sobre otro sistema de conocimientos, al que califica de inferior e incierto. Se habla de violencia epistémica cuando se utilizan métodos que conllevan al exterminio, anulación, destrucción de ciertos conocimientos y a sus portadores, llegando al extremo del epistemicidio, momento en el que se produce su pérdida irreversible.

Tenemos muchos ejemplos de epistemicidio: la destrucción de la espiritualidad indígena, la pérdida de idiomas nativos, el desuso de determinados procesos productivos o alimentarios y el reemplazo de las formas propias de gobernanza y tenencia de los recursos naturales. Principalmente, si ello obedece a presiones de los poderes dominantes. Bajo estas premisas se intenta abordar la implicación epistémica de la muerte del sanador y guía espiritual indígena Maya Q’eqchi’ Domingo Choc.

Cinco siglos de violencia epistémica

La destrucción de los conocimientos, espiritualidad y territorios indígenas iniciada hace cinco siglos con la invasión europea sobre el Nuevo Mundo, que el colonialismo convirtió en Tercer Mundo o Mundo Subdesarrollado, es una expresión de violencia epistémica que desde entonces las potencias occidentales utilizan para ampliar sus dominios y procurarse el saqueo de los bienes materiales e inmateriales de los pueblos subyugados. La violencia epistémica utiliza métodos aparentemente sutiles, como la educación, la religión, la política, integración social y los proyectos de desarrollo. También usa métodos violentos, como los castigos físicos, la criminalización, el linchamiento y el genocidio.

Es sabido que los misioneros españoles, portadores del discurso inquisitorial, vinieron para contribuir a la conquista y civilización de los pueblos que consideraban salvajes. De este modo, se dedicaron a destruir todas las manifestaciones culturales y espirituales de los pueblos indígenas que, al no entenderlas, las calificaron de hechicería: el obispo Diego de Landa quemó la mayor parte de los códices mayas en la comunidad Yucateca de Maní, Hernán Cortés ejecutó a Moctezuma y Pedro de Alvarado quemó vivos a los gobernantes K’ichés, Oxib kiej y Belejep Tzi’, durante su invasión a la capital Q’uma’rkaj y ejecutó al gobernante Kaqchikel Kají Imox para aplacar la rebelión.

Durante la dominación colonial y, más tarde, de los Estados Nacionales, se han replicado los casos de violencia contra autoridades y dirigentes comunitarios que luchan contra el despojo de sus territorios y la destrucción de sus conocimientos y creencias. Esto refleja la intencionalidad de aniquilar las bases que sostienen la vida de los pueblos: el genocidio y las masacres durante el conflicto armado interno guatemalteco entre 1960 y 1996; el fusilamiento en 1936 de siete alcaldes indígenas de Nebaj en tiempos del dictador Jorge Ubico; la Masacre de 1932 que casi condujo al exterminio indígena en El Salvador; el asesinato de 20 guías espirituales de Guatemala en los últimos 18 años; el asesinato reciente de dos líderes indígenas en Costa Rica; y los miles de indígenas que a lo largo del continente han sido asesinados por defender sus culturas y territorios.

No se trata solamente de actos criminales contra personas específicas, sino de un ataque sistemático para acabar con las maneras de producir, conservar y transmitir la sabiduría propia de los pueblos originarios. Se busca imponerles otras formas de conocer, pensar y creer, en una clara manifestación de desigualdad epistémica, en donde los conocimientos indígenas (mal llamados conocimientos tradicionales o populares) son subestimados por su supuesta falta de rigor científico o castigados por supersticiosos y porque atentan contra las creencias de las religiones oficiales.

Visto de esa manera, la ejecución extrajudicial de Domingo Choc no es un caso aislado cometido por un pequeño grupo de integrantes de su propia comunidad, sino parte de la larga historia de violencia epistémica. Esta violencia ejercida desde la religión, la política, las leyes, la educación, la ciencia, la tecnología y los proyectos de desarrollo ha tenido múltiples consecuencias: el detrimento de la cosmovisión y espiritualidad indígena; el desuso del calendario maya; la sustitución de cultivos agrícolas nativos por variedades mejoradas; la conversión de bosques comunales en áreas protegidas; la subordinación de las parteras y terapeutas indígenas al sistema de salud pública; y el secuestro, folklorización y comercialización del conocimiento y las culturas ancestrales.

El mundo Q'eqchí'. Foto: AEPDI - Defensoría Q'eqchi

El fundamentalismo religioso como violencia epistémica

Las religiones, especialmente la católica y evangélica, se disputan las almas y los bienes de las comunidades, y además exigen que los indígenas abandonen sus creencias ancestrales para imponerles una visión teocéntrica y escatológica. Esto significa una mirada opuesta a su cosmovisión basada en el equilibrio, el respeto y la armonía con la madre naturaleza, es decir, una visión holística de la vida.

En las últimas cuatro décadas, las sectas neopentecostales han aumentado su influencia en la política y la economía en varios países latinoamericanos, con gran protagonismo en las ofertas electorales de Brasil, Bolivia y Costa Rica. En Guatemala, se utilizó como estrategia contrainsurgente durante el conflicto armado interno, particularmente con el gobierno de José Efraín Ríos Montt, cuando ocurrieron las más atroces masacres.

En este contexto, para salvar sus vidas, miles de indígenas se vieron forzados a convertirse al evangelismo, brindando testimonios de prosperidad por haber abandonado el paganismo, la brujería y el costumbrismo. Muchos de los sitios sagrados mayas han sido literalmente tomados por estas sectas para realizar sus propias celebraciones. Esto se ha visto en el Cerro Quemado, un antiguo lugar sagrado Maya ubicado en Almolonga, un poblado eminentemente indígena K’iché, en donde se asegura que el 90 por ciento de su población se ha convertido al evangelismo.

Aparatos epistémicos del Estado

Por su parte, la educación invisibiliza los conocimientos ancestrales al no incluirlos en los programas educativos. Lejos de respetar la heterogeneidad de saberes, el sistema bilingüe solo se reduce a la enseñanza en el idioma materno durante los primeros años escolares, pero luego se imponen los contenidos oficiales, sin contextualización geográfica ni cultural. Tampoco hay opciones para la formación magisterial bilingüe intercultural ya que hace un par de años se clausuró esta carrera, incluyendo la que impartían las cinco escuelas normales rurales que tenían esta orientación. La formación técnica para indígenas y la oferta universitaria son prácticamente inexistentes, salvo la reciente creación de universidades indígenas de los pueblos Ixil y Kaqchikel.

La inversión en ciencia y tecnología para recuperar, promover y proteger los sistemas de conocimientos ancestrales es nula. En cambio, prevalecen la apropiación y subordinación epistémica de esta sabiduría milenaria por parte de los centros académicos en las disciplinas de la etnobotánica, etnomedicina, agroecología y el etnodesarrollo.

En las últimas décadas, los foros mundiales sobre diversidad biológica y cambio climático sostienen, cada vez con más fuerza, que los conocimientos ancestrales de los pueblos indígenas, basados en el equilibrio y armonía con la madre naturaleza, son fundamentales para detener la debacle que se cierne sobre el planeta. De igual modo, alientan a la comprensión, rescate, protección y aplicación del Ut’z Kaslemaj, o buen vivir, practicado desde tiempos ancestrales.

Sin embargo, los pueblos indígenas cuestionan no ser tomados en cuenta en la toma de decisiones sobre el clima y la diversidad biológica, la desigualdad epistémica que implica el despojo de sus conocimientos y la utilización de sus territorios para la implementación de proyectos en nombre del cambio climático que nunca los benefician.

Las consecuencias de la injusticia epistémica en Guatemala

Junto con sus estructuras de gobernanza comunitaria y los saberes ancestrales que contienen, los territorios indígenas han sido objeto de saqueo y despojo para instalar proyectos extractivos y monocultivos agrícolas a gran escala. Las tierras bajas del norte del país, en donde se ubica la comunidad de Domingo Choc, se han convertido en el escenario más cruento de la expansión extractiva neoliberal: desde las amenazas y prácticas violentas hasta el despojo de tierras a familias campesinas y comunidades completas. Esta región muestra precisamente el despoblamiento de varias comunidades, en cuyos territorios se han establecido gigantescas plantaciones de palma de aceite y pastizales ganaderos, sin que el gobierno tenga la capacidad institucional ni la voluntad política para regular estas transacciones. Y menos aún de proteger los sistemas de tenencia comunal.

El informe del Procurador de los Derechos Humanos de Guatemala, Augusto Jordán Rodas Andrade, destaca que tan solo en 2019, se produjeron 327 atentados y 39 asesinatos de indígenas que defienden los derechos colectivos a la tierra y los territorios ancestrales, sobre todo en casos relacionados a la instalación inconsulta de proyectos mineros e hidroeléctricos. Aunque la Constitución Política de la República incluye, en su artículo 67, la protección de las tierras de las comunidades indígenas, en la práctica el Estado no cuenta con los mecanismos administrativos ni legales para hacer efectivo este mandato. Aún habiendo ratificado el Convenio 169 de la OIT.

En los últimos meses, la Corte de Constitucionalidad ha ordenado la suspensión de tres de los más grandes proyectos mineros en el país debido a la falta de cumplimiento del proceso de consulta a los pueblos indígenas. En el caso del pueblo Xinca, la empresa minera argumenta la improcedencia de este mecanismo porque en dicho lugar no existen pobladores indígenas, a pesar de que múltiples estudios de peritaje cultural y datos del último censo de población ratifican su existencia ancestral.

Por otro lado, las empresas mineras, hidroeléctricas, constructoras, petroleras y de monocultivos agrícolas han sido muy hábiles para propiciar el divisionismo dentro de las comunidades, enfrentando a quienes están favor con quienes están en contra de los proyectos. Es una estrategia de la geografía de la dominación, en donde los intereses dominantes, crean y sostienen alianzas con actores locales que se benefician de los flujos de capital sobre los territorios que controlan, transformando y atrayendo las lealtades comunitarias a su favor para facilitar el control territorial.

En el plano legal, el Congreso de la República ha retardado la aprobación de varias leyes de interés para los pueblos indígenas, entre las que se encuentran las de regularización de tierras y la de comunidades indígenas. En el fracasado intento de reformas del Estado ni siquiera se pudo incluir el reconocimiento de la jurisdicción indígena en el sistema de justicia, una muestra más del racismo sistémico que impide valorar el conjunto de saberes y mecanismos de las comunidades indígenas para la administración de justicia.

En el plano administrativo, el Estado debilita a las autoridades comunitarias, desvalorizando su función o reemplazándolas con los llamados Consejos Comunitarios de Desarrollo, dos conceptos totalmente distintos. El primero a cargo de la administración de justicia y convivencia comunitaria, y el segundo con la gestión de obras públicas y servicios comunitarios. Unificar ambas instituciones locales en una sola constituye una desigualdad epistémica que desvaloriza el valor y la credibilidad de la sabiduría y autoridad ancestral.

El mundo Q'eqchí'. Foto: AEPDI - Defensoría Q'eqchi

La violencia epistémica y el asesinato de Domingo Choc

La desvalorización del rol de las autoridades ancestrales comunitarias para conocer y tratar un caso de agravio (como la acusación a Domingo Choc) explica que este caso no haya sido resuelto por las autoridades locales y que sus victimarios desatendieran los llamados de cordura planteados por el resto de los comunitarios.

El lamentable asesinato de Domingo Choc no debe verse como un acto aislado, sino como parte de la violencia epistémica contra los conocimientos de los pueblos indígenas. Existe un empeño en destruir aquellos saberes y creencias distintas a la dictadura epistémica del mundo occidental. En parte por su incomprensión, pero principalmente porque obstaculizan las estrategias de control y saqueo de los territorios.

Varios analistas se preguntaron cuánta sabiduría ancestral se perdió junto con el sanador y guía espiritual Domingo Choc. Quizá nunca se sepa. Pero la pregunta que debemos hacernos es: ¿cuáles deben ser los compromisos del Estado para evitar que continúe el epistemicidio contra los pueblos indígenas?

Silvel Elías es indígena Maya K'iché, originario de Totonicapán (Guatemala). Es Profesor en la Facultad de Agronomía de la Universidad de San Carlos de Guatemala, en donde coordina el Programa de Estudios Rurales y Territoriales (PERT-FAUSAC). Desde 2005 colabora con la redacción del capítulo sobre Guatemala para el anuario El Mundo Indígena, que publica IWGIA. Sus temas de interés son los derechos colectivos y, la gobernanza de las tierras comunales y territorios indígenas.

Etiquetas: Noticias

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