Mapeando geografías vivas y esperanza en Wallmapu

POR SARAH KELLY Y MONÉ VÁSQUEZ PARA DEBATES INDÍGENAS
 

Wallmapu, la tierra ancestral del pueblo Mapuche, fue dividida y explotada desde la colonización. Actualmente, proyectos forestales de monocultivo de árboles, las represas hidroeléctricas y la llamada “energía verde” han ocupado tierras y aguas sin el consentimiento indígena, con impactos profundos en la naturaleza y la cultura mapuche. Estas acciones y proyectos afectan los saberes tradicionales, los sistemas alimentarios y las relaciones con el agua. Lo que antes era compartido y vivido colectivamente —el agua (Ko), el bosque nativo (mawizantu), la tierra (Mapu)— hoy es extraído, desplazado y privatizado.

Lo que queda no es sólo degradación ecológica, sino también un grave daño a la cultura mapuche. La ruptura impacta en otras especies, así como en la vida y el cuidado del pueblo Mapuche respecto a todos los seres vivientes y hacia toda la vida en küme mongen. Este artículo forma parte de una conversación en curso sobre el mapeo participativo en Wallmapu. Los autores han trabajado durante más de diez años con comunidades williche y han realizado recientemente un proceso similar de mapeo en la región de la Araucanía.

Sistematizando las invasiones territoriales y mapeando la esperanza

La pérdida del agua, los bosques y la comunidad no es accidental: forma parte de las políticas estatales extractivas que benefician a las corporaciones y a las élites. Al mapear estas invasiones territoriales, las comunidades pueden documentar los daños, compartir su historia y fortalecer sus estrategias de defensa territorial. Estos mapas permiten una comunicación más rápida para responder a los procesos coloniales occidentales. A su vez, respaldan los esfuerzos mapuche por proteger los ríos y detener proyectos de desarrollo en sus territorios.

Este proceso de contramapeo de los mapas oficiales es una herramienta útil para recuperar historias y memorias. Las comunidades mapuche han utilizado estos mapas como parte de su resistencia. Los mapas contribuyen a respaldar acciones legales y a proteger los usos culturales del territorio y sus geografías. También ayudan a transmitir a otras personas el significado del territorio cuando no resulta fácil de comprender. Estas estrategias de defensa son técnicas y, al mismo tiempo, comunicacionales. 

El propio proceso de elaboración de los mapas ha sido una parte fundamental de estos esfuerzos, como se observa en el mapa presentado ante el Tribunal Ambiental de Chile.

Mapeando la desposesión: historia del desplazamiento

El mapeo también puede ayudar a las comunidades a recordar y comprender la violencia pasada. En 2016, se realizó una reunión con miembros de la comunidad y autoridades ancestrales en Caunahue durante un trawün (“asamblea mapuche”). Los mapas previos que mostraban amenazas locales alertaron sobre la necesidad de explorar la historia más profunda de la apropiación de la tierra y el agua. 

Llevamos tres materiales clave al trawün: mapas ampliados de un libro de 1990 de Molina et al.; una línea de tiempo de leyes históricas relacionadas con la pérdida de tierras; y extractos de un estudio histórico de 1996 de Vergara et al., basado en archivos y testimonios orales sobre la desposesión en la región. En ese mismo trawün, los ancianos observaron flechas dibujadas en los mapas y recordaron cómo las familias fueron reubicadas a la fuerza. Esos mapas les ayudaron a rememorar cómo ciertos lugares se convirtieron en resguardos culturales y espirituales.

Luego del trawün y mientras compartían mate, un anciano comentó: “La religión llegó con los fuertes”. Sus palabras mostraron que el mapeo era más que una tarea técnica, ya que el anciano entendía la llegada de la Iglesia Católica como parte de la historia colonial. También utilizaron los libros para fechar los relatos de desposesión y violencia transmitidos por las familias. Esto ayudó a confirmar la memoria oral para su enseñanza en el futuro y para procesos legales.

Mapeando amenazas: una colonización en curso

En el territorio de Wallmapu existen amenazas permanentes que pueden ser localizadas con GPS, drones e imágenes satelitales. Los proyectos de inversión o extractivos utilizan estratégicamente estas tecnologías y el mapeo para apropiarse de tierras y aguas, despojando a las comunidades, muchas veces sin que sus responsables hayan vivido o visitado los territorios. Al elaborar sus propios mapas, las comunidades pueden apropiarse de la información y detectar lo que otros intentan tomar desde lejos. Esta práctica se ha convertido en una herramienta importante para comprender las decisiones de quienes buscan lucrar con su territorio.

El trabajo de mapeo con comunidades mapuche ayudó a resistir proyectos importantes, como plantas hidroeléctricas y líneas eléctricas de alta tensión. Estos esfuerzos articularon a la Alianza Territorial Puelwillimapu junto al movimiento de la sociedad civil chilena Futrono Sin Torres. Otro caso emblemático fue la resistencia al megaproyecto hidroeléctrico de la empresa noruega SN Power, que las comunidades mapuche lograron detener gracias a los mapas elaborados de forma colectiva. El uso de mapas les permitió organizar el apoyo, recolectar firmas y coordinar acciones entre distintos grupos. Tras reunirse casi mensualmente durante un año, trabajaron en nueve versiones del mismo mapa mostrando todas las formas de invasión.

Uno de los mapas impresos trabajado colectivamente muestra dos zonas en forma de “herradura” relacionadas con el uso de tierras y aguas. Por un lado, la herradura exterior incluye áreas de conservación que aún permiten proyectos hidroeléctricos y acuícolas (crianza de especies acuáticas, vegetales y animales). Por otro lado, la herradura interior comprende los proyectos reales de hidroeléctrica y acuicultura, situados río abajo dentro del área exterior. El área exterior protege el agua mediante bosques nativos, pero también sostiene el desarrollo económico interior de la acuicultura y la energía hidroeléctrica. Estos mapas ayudaron a los líderes a explicar y analizar cómo estos proyectos estaban afectando su territorio, así como a visualizar los impactos acumulativos de este modelo.

El pueblo Mapuche trabajó también en un mapa que muestra los títulos de merced (tierra concedida), las comunidades indígenas formalmente registradas, los cuerpos de agua y los derechos de agua no consumptivos (puntos rojos), además de las mismas capas mencionadas anteriormente. Este fue el mapa inicial de “amenazas” utilizado para visualizar todos los proyectos (ver mapa sobre la defensa de los proyectos de la línea de transmisión y Florín). Todos los proyectos de desarrollo económico mapeados se encontraban en tierras de fundo (tierras concedidas a colonos chilenos y alemanes desde la década de 1850 hasta principios del siglo XX). 

Geografías de protección: mapas de esperanza y defensa

La geografía mapuche y la resistencia territorial pueden mapearse, y estos mapas constituyen un instrumento para respaldar los derechos indígenas. Los mapas ayudan a superar divisiones epistémicas: jueces, formuladores de políticas y audiencias internacionales necesitan comprender mejor cómo se violan los derechos indígenas para apoyar la justicia. Mapear la esperanza también implica mapear los ríos. Se trabajó con artistas y comunidades ancestrales para interpretar la geografía mapuche y revisar colectivamente esos mapas. Los ríos, que dividen y unen territorios, deben permanecer libres para estar vivos.

El mapa realizado por Sergio Iacobelli fue creado durante el mapeo del territorio Pilmaiquen en 2019. Estas comunidades llevan 15 años en conflicto con un proyecto hidroeléctrico  desarrollado por Statkraft, una empresa propiedad del Estado noruego. El proceso de consentimiento fue poco claro y engañoso, y algunas familias fueron sobornadas, lo que generó una desconfianza que perdura hasta hoy. En consecuencia, se desarrollaron tres mapas para apoyarlos en un caso ante el Tribunal Ambiental de Chile. También, se llevaron a cabo tres extensas entrevistas no estructuradas con líderes ancestrales del territorio para redactar un informe para el Segundo Tribunal Ambiental de Chile.

Para este caso se crearon dos mapas, uno de ellos elaborado junto con autoridades ancestrales de Pilmaiken, que muestran las relaciones de sanación con el Ngen Kintuantee (el guardián espiritual). El mapa se elaboró para argumentar que el “área de influencia” determinada por la consultora del proyecto hidroeléctrico era incorrecta. El territorio Pilmaiken llegó hasta la Corte Suprema de Chile y buscó mediación internacional a través de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Actualmente, el proyecto hidroeléctrico Los Lagos se encuentra casi finalizado, aunque el ingreso de agua aún no ha sido autorizado debido a procesos administrativos en curso vinculados a la consulta indígena.

Cómo viajan las perspectivas metodológicas

En 2025, junto con miembros de comunidades mapuche, se comenzó a trabajar en el contramapeo y en entrevistas centradas en la conexión entre cuerpo y territorio (lo que llaman “de cuerpo y territorio”) en la Araucanía. En conjunto, utilizaron el contramapeo para documentar no solo el daño ambiental, sino también las historias vividas: cómo los territorios han cambiado, los relatos de resistencia y las políticas que determinan qué se hace visible o invisible.

Cada territorio tiene algo para enseñarnos. Cada uno es distinto, con su propia historia, política y geografía. En cada lugar, las comunidades compartieron su conocimiento dibujando sus símbolos e historias en los mapas. Mapearon tanto el dolor y el desplazamiento como también el cuidado y la resiliencia. A través de este trabajo, comprendieron que mapear no es una herramienta para controlar la tierra, sino un método relacional enraizado en la memoria y guiado por el territorio vivo, el propio pueblo Mapuche. 

Fue mediante este enfoque y esta práctica que el trabajo se convirtió en una fuente de orientación y apoyo. Su investigación colaborativa y horizontal en Puelwillimapu, realizada junto a comunidades mapuche-williche, inspiró a repensar el modo de hacer investigación y el trabajo intelectual, en un momento en que se buscan prácticas que respeten verdaderamente el conocimiento y la ética indígenas. Además, las geografías exploradas y el análisis propuesto proporcionan un lenguaje para comprender mejor tanto los sistemas de violencia como las formas en que las personas resisten.

El mapeo participativo como testimonio vivo

Mapear es más que una representación: es una práctica política, cultural y espiritual. En Wallmapu, el mapeo muestra el despojo, pero también lo que vive y lo que resiste. La cartografía sigue siendo un arma de doble filo, según quién la utilice: puede ser una herramienta para el despojo territorial o una herramienta para el ejercicio de los derechos indígenas. Debe hacerse con cuidado y en plena confianza con quienes colaboran.

A través del mapeo participativo, los mapas pueden convertirse en espacios de memoria, de análisis colectivo y de planificación estratégica. Aprendimos juntos que mapear es recordar, imaginar y defender el pasado, el presente y el futuro. Los mapas pueden facilitar la transmisión de conocimientos entre generaciones: atraen a las y los jóvenes, mientras que las personas mayores pueden compartir sus saberes.

El trabajo conjunto con artistas e investigadores puede ser beneficioso para la defensa de los derechos indígenas y la comunicación. Esta herramienta puede compartirse fácilmente con las comunidades como método de formación para fortalecer capacidades frente a instituciones estatales y empresas transnacionales. Las personas que trabajen con esta herramienta cartográfica deben ser respetuosas del conocimiento territorial y local. 

Asimismo, deben seguir los protocolos territoriales sobre lo que debe mostrarse y lo que no puede divulgarse. Las comunidades indígenas deben revisar y decidir qué se mapea y de qué manera. El mapeo participativo debe ser recíproco. Frente al extractivismo, esta herramienta funciona como un testimonio vivo y un gesto de esperanza para construir presentes y futuros mejores.

Sarah Kelly es docente e investigadora asociada de la Clínica de Justicia Energética e investigadora del Andes Lab Sur en la Universidad Austral de Chile. Además, mantiene relaciones de investigación con comunidades mapuche - williche en Chile sobre hidroelectricidad, cartografía cultural y derechos indígenas.

Moné Vásquez es músico, activista e investigador, originario del Pikun Mapu (Valparaíso). Actualmente, cursa un doctorado en Ecología Política y Gobernanza en la Universidad Libre de Ámsterdam, donde estudia las consecuencias del colonialismo con la continuidad de la colonialidad de la naturaleza y el poder en el territorio mapuche.

Foto: Mapa dibujado a mano a partir de los conocimientos territoriales compartidos por líderes ancestrales. Mapa: Sergio Iacobelli

Etiquetas: Debates Indígenas

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