El Mundo Indígena 2026: Editorial

Celebrando 40 años de documentación

El Mundo Indígena ha sido una de las fuentes más sistemáticas y exhaustivas de documentación sobre la situación y los derechos de los Pueblos Indígenas en el mundo. Publicada anualmente por IWGIA, ofrece un análisis de referencia sobre los avances y cambios que afectan a los Pueblos Indígenas en más de 60 países, abarcando las siete regiones socioculturales y más de 20 procesos y mecanismos internacionales.

La edición de 2026 conmemora el 40.º aniversario de esta publicación única, un hito que pone de relieve tanto el valor duradero de la documentación a largo plazo como la importancia de situar las perspectivas indígenas en el centro de los grandes diálogos globales.

La documentación sobre los derechos de los Pueblos Indígenas es el eje central del trabajo de IWGIA. Nosotros, junto con nuestros socios, documentamos y construimos conocimiento sobre los derechos de los Pueblos Indígenas mediante una documentación sólida y rigurosa, y lo utilizamos como fundamento para abogar por un mundo en el que los Pueblos Indígenas puedan ejercer y disfrutar plenamente de sus derechos inherentes y reconocidos internacionalmente.

La idea de este libro singular surgió del Taller sobre Derechos Indígenas celebrado en Ginebra en septiembre de 1986, donde se solicitó a IWGIA que presentara una sinopsis de los principales acontecimientos en el mundo indígena durante los 12 meses previos. Los participantes coincidieron que una versión detallada del relato tendría un valor extraordinario.

La primera edición abarcó 66 países y territorios, así como cinco procesos internacionales y cuestiones globales relevantes para los Pueblos Indígenas. Desde entonces, la publicación ha quedado estrechamente vinculada a la lucha de los Pueblos Indígenas por el reconocimiento y la protección de sus derechos, consolidándose como una herramienta clave de incidencia que los impulsa a nivel nacional, regional e internacional.

En 1989, el libro comenzó a publicarse en inglés y en español para llegar a un público más amplio. En 1993, pasó de llamarse IWGIA Yearbook a El Mundo Indígena, lo que marcó el paso de incluir el informe anual de IWGIA a centrarse en la situación de los Pueblos Indígenas en el mundo.

A lo largo de estos 40 años, El Mundo Indígena ha abarcado en total 56 mecanismos, procesos y cuestiones internacionales relacionados con los Pueblos Indígenas, desde los mecanismos globales de la ONU hasta los procesos regionales de las siete regiones socioculturales.

De 1988 a 2009, a lo largo de 20 ediciones, documentamos la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (UNDRIP), desde su proceso de redacción hasta su adopción en 2007 y su primer año de aplicación. Desde 1994, en 28 ediciones, hemos documentando el Foro Permanente de las Naciones Unidas sobre Cuestiones Indígenas (UNPFII), desde el grupo de trabajo encargado para su creación hasta su constitución en 2000 y sus actividades hasta la fecha. A partir de 2001, en 25 ediciones, comenzamos a documentar la labor del Relator Especial de la ONU sobre los derechos de los Pueblos Indígenas, desde el establecimiento de su mandato por la Comisión de Derechos Humanos, que celebra su 25.º aniversario en 2026. Ese mismo año empezamos también a documentar la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos (CADHP), a partir de la creación de su Grupo de Trabajo sobre Poblaciones/ Comunidades Indígenas y Minorías (WGIPM), labor que se ha mantenido de forma continua en todas las ediciones desde entonces.

A lo largo de 40 años, el libro ha abarcado 119 países y territorios. En ese período, ocho países han sido documentados en las 40 ediciones, nueve en 39 ediciones, y otros 24 países y territorios han sido documentados en 30 o más ediciones.

Nada de esto habría sido posible sin la extraordinaria dedicación de nuestra red de autoras y autores voluntarios, que generosamente brindan su tiempo y sus conocimientos para documentar la situación de los Pueblos Indígenas año tras año.

Desde 1986 hasta hoy, más de 950 personas han aportado su análisis a El Mundo Indígena. Entre estas autoras y autores voluntarios —indígenas y no indígenas— figuran activistas, investigadoras e investigadores, abogadas y abogados, líderes, trabajadoras y trabajadores de la sociedad civil y de las ONG, miembros de comunidades, defensoras y defensores de derechos humanos, Relatores Especiales de la ONU y muchas otras personas.

Queremos agradecerles su contribución y celebrar los vínculos y el sentido de comunidad que nacen de la estrecha colaboración necesaria para poner a disposición de todas las personas esta herramienta de documentación única en su género.

Al celebrar los 40 años de El Mundo Indígena, la edición de 2026 incluye 87 informes nacionales, regionales e internacionales, y adopta como enfoque editorial la paz y la seguridad, así como las crecientes amenazas que enfrentan los Pueblos Indígenas. Las tendencias identificadas en este editorial son una síntesis del análisis documentado por las autoras y los autores de los artículos que integran este libro.


Este artículo forma parte de la 40.ª edición de El Mundo Indígena, una publicación anual de IWGIA que documenta e informa sobre los avances experimentados por los Pueblos Indígenas. Encuentre El Mundo Indígena 2026 completo aquí


La paz y la seguridad, bajo presión

Cuando la ONU fue creada tras la Segunda Guerra Mundial, su propósito central era prevenir nuevos conflictos globales mediante un sistema fundado en la resolución pacífica de controversias, el mantenimiento colectivo de la paz y la seguridad internacionales, así como la promoción y protección de los derechos humanos y la no discriminación como principios fundamentales. Hoy, sin embargo, esa visión fundacional se encuentra sometida a una tensión extrema. El sistema de la ONU afronta una de las crisis más profundas de su historia: las guerras en curso, la escalada de tensiones geopolíticas y las violaciones generalizadas del derecho internacional ponen al descubierto el debilitamiento de los propios mecanismos concebidos para sostener la paz, la seguridad, los derechos humanos y la igualdad en el mundo.

Décadas de conquistas multilaterales están siendo cuestionadas o abandonadas. Los espacios democráticos y de la sociedad civil se contraen a medida que se agudiza la retórica del conflicto, mientras los presupuestos se desvían de la protección de los derechos humanos y la protección medioambiental hacia la militarización, el armamento, los sistemas de defensa y la extracción de recursos considerados “estratégicos”.

Mientras el sistema de la ONU lucha por sostener su mandato fundacional y los Estados redoblan sus agendas de “la seguridad primero”, las políticas resultantes están teniendo efectos devastadores. En ningún lugar esta contradicción resulta más visible que en la vida de los Pueblos Indígenas, cuyos derechos, territorios y seguridad se ven cada vez más erosionados en nombre de la “paz y la estabilidad”.

Numerosos Pueblos Indígenas, sus comunidades y sus territorios se ven afectados de manera desproporcionada por conflictos armados, procesos de militarización, actividades de los cárteles ilegales, guerras que se libran contra ellos, y disputas de soberanía territorial entre Estados. En muchos casos, la firme defensa de sus tierras, sus derechos y sus formas de vida los convierte en blanco de violencia, desplazamiento y persecución. Estas dinámicas se despliegan frecuentemente sin dar cabida a los Pueblos Indígenas en los marcos de políticas ni en las estrategias de consolidación de la paz, a pesar de su vasto conocimiento y experiencia en la resolución de conflictos. Su exclusión perpetúa ciclos de violencia y socava los esfuerzos orientados a una paz sostenible en todas las sociedades.

En una declaración ante el Foro Permanente de las Naciones Unidas sobre Cuestiones Indígenas (UNPFII) en abril de 2025, el Relator Especial de la ONU sobre los derechos de los Pueblos Indígenas, el Dr. Albert Barume, “llamó la atención sobre casos en los que los Estados han ‘tomado atajos’ al calificar a los Pueblos Indígenas de ‘terroristas’, ‘extremistas’ o ‘comunidades radicalizadas’, lo que representa una oportunidad perdida, tanto para la comunidad internacional que trabaja por la paz, como para los Estados en cuyas tierras se producen estos hechos de manera recurrente”.1

El Relator Especial señaló, asimismo, en su informe provisional sobre “Identificación, demarcación, registro y titulación de las tierras de los Pueblos Indígenas: prácticas y lecciones”, que presentó ante la Tercera Comisión de la Asamblea General de la ONU el 13 de octubre de 2025, que existe una “necesidad urgente de un reconocimiento y una protección más sólidos de los derechos de los Pueblos Indígenas, especialmente en lo que respecta a la demarcación de tierras, el reconocimiento jurídico y la protección frente a la criminalización y la violencia”.2 Estos derechos no son únicamente obligaciones jurídicas, sino que contribuyen también decisivamente a la paz y la seguridad de los Pueblos Indígenas y del conjunto de la humanidad, y a una relación más sostenible con la naturaleza. Son, además, garantía de la supervivencia de las culturas, lenguas y conocimientos indígenas.

Los Pueblos Indígenas poseen una experiencia profunda y generacional en materia de resolución de conflictos, justicia, mediación y consolidación de la paz; sin embargo, esa larga trayectoria no se refleja en las resoluciones del Consejo de Seguridad ni de la ONU. Aun cuando su experiencia es reconocida, se les excluye de los debates y los procesos de toma de decisiones en materia de seguridad internacional. Incluso cuando los Pueblos Indígenas son tenidos en cuenta en marcos de resolución de conflictos o de consolidación de la paz, en la mayoría de los casos no se reconoce su papel en la implementación, lo que puede conducir a una mayor marginación y socavar la sostenibilidad de los esfuerzos de paz.

A medida que los conflictos se intensifican en todo el mundo, los Pueblos Indígenas son también blanco creciente de agresiones y persecución, en violación directa de los principios consagrados tanto en la UNDRIP como en la propia Carta de las Naciones Unidas. Ningún diálogo serio sobre paz y seguridad puede ignorar la realidad de los Pueblos Indígenas. Garantizar sus derechos, su protección y su participación es indispensable, no solo en aras de la justicia, sino para cualquier perspectiva real de una paz duradera.

Presupuestos que se alejan de los derechos y las protecciones internacionales

La acción dirigida contra los Pueblos Indígenas, sus tierras y sus territorios en nombre de la “paz y la seguridad” no es más que un frente de una ofensiva más amplia. Otro frente, menos visible, se perfila a medida que los Estados redirigen sus presupuestos, alejándolos de los marcos de derechos humanos y de protección internacional. Aunque los conflictos puedan acaparar la atención mundial, estas reorientaciones financieras y políticas están erosionando silenciosamente la paz, la seguridad y los derechos de los Pueblos Indígenas.

Cuando el presidente Donald Trump asumió el cargo en enero de 2025, una de sus primeras medidas fue clausurar, de manera efectiva y casi inmediata, las operaciones de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Este desmantelamiento abrupto paralizó miles de programas en todo el mundo y dejó a millones de personas sin acceso a atención vital, principalmente a las más pobres entre los pobres, entre quienes los Pueblos Indígenas están sobrerrepresentados. Aunque las repercusiones específicas sobre los Pueblos Indígenas no han sido aún evaluadas de manera exhaustiva, esta pérdida repentina ha mermado inevitablemente el apoyo internacional al que muchas comunidades indígenas recurrían para impulsar y salvaguardar sus derechos.

Somos también testigos de recortes significativos en los presupuestos y programas de cooperación al desarrollo por parte de numerosos Estados occidentales. La eficacia y la legitimidad del sistema multilateral han sido asimismo gravemente dañadas y cuestionadas por la decisión de la administración Trump de retirarse, en enero de 2026, de 66 organismos internacionales, incluidas 31 entidades vinculadas a la ONU. El efecto dominó de esta decisión política adicional de amplio alcance es aún desconocido.

Sin embargo, lo que sí sabemos —como lo evidencian los informes reunidos en este libro— es que todo ello está dejando a los Pueblos Indígenas expuestos al despojo de tierras, el desalojo, la trata de personas, la violencia sexual, la criminalización de cualquier labor de defensa de los derechos humanos, o situaciones peores.

El debilitamiento de estos espacios internacionales equivale al debilitamiento de una de las pocas —y más sólidas— plataformas en las que los Pueblos Indígenas han luchado por sus derechos y han logrado avances significativos en su reconocimiento como pueblos distintos. Son plataformas a las que pueden recurrir para seguir impulsando estos derechos, dado que los espacios equivalentes en sus contextos nacionales son con frecuencia inexistentes o meramente simbólicos.

La carrera por los recursos vulnera las protecciones

Otro ámbito en el que observamos un riesgo creciente de vulneración de los derechos de los Pueblos Indígenas es la carrera global por los recursos, en particular por los minerales críticos, que ahora comienzan a ser considerados, desde la óptica de la “paz y la seguridad”, como activos estratégicos. La llamada transición verde o ecológica, si bien sigue enmarcándose como respuesta al cambio climático y a la energía limpia, también es contemplada como un componente esencial de la seguridad nacional.

De hecho, el Banco Mundial prevé un incremento del 500 % en la demanda de estos minerales para 2050,3 mientras que la Agencia Internacional de Energía estima, para 2040 incrementos de la demanda del 40 % para el cobre y los elementos de tierras raras, del 60 % al 70 % para el níquel y el cobalto, y de casi el 90 % para el litio.4

Los Pueblos Indígenas se encuentran en primera línea ante esta demanda, pues más del 54 % de las reservas mundiales de estos minerales para la transición energética se encuentran en sus tierras o en sus proximidades.5 Calificar determinados minerales de “críticos” permite a los gobiernos clasificar la minería como asunto de seguridad nacional o emergencia económica, otorgando a las empresas el derecho a operar en territorios indígenas sin respetar el derecho de los Pueblos Indígenas al Consentimiento Libre, Previo e Informado (CLPI).6

En algunos casos, los Pueblos Indígenas son percibidos como obstáculos incómodos y sus derechos como incompatibles con los intereses nacionales. Las leyes y las protecciones son eludidas en aras de la urgencia, y los protocolos —como el CLPI—, si no han sido ya ignorados o aplicados de manera inadecuada, se ven ahora comprometidos mediante plazos abreviados para el consentimiento o la consulta significativa.

Los Pueblos Indígenas y las personas defensoras de derechos humanos que viven en estas zonas —quienes alzan la voz, protestan pacíficamente o participan en espacios e instituciones internacionales— son ahora caracterizados como contrarios a la paz, a la seguridad y al Estado. Se enfrentan a una vigilancia intensificada, la intimidación, la criminalización y el silenciamiento, al igual que las propias organizaciones indígenas. Aunque sus acciones siguen siendo legales sobre el papel, se ven cada vez más obligados a desarrollar su labor en espacios política y físicamente inseguros.

Al pasar de ser una preocupación medioambiental a convertirse en un componente de las estrategias de seguridad nacional, la transición ecológica ha repercutido también en el sector energético. Los presupuestos y las prioridades se vuelcan en la carrera por asegurar la independencia energética. Mientras algunos países han venido realizando avances concertados en la mitigación de emisiones como una de tantas acciones climáticas, también se observa un incremento en el uso de combustibles fósiles: se reabren centrales eléctricas de carbón, se amplían las concesiones de petróleo y gas, y se intensifican los proyectos de extracción y desarrollo.

Gran parte de ello se lleva a cabo sin consultar a los Pueblos Indígenas ni tener en cuenta su vasto conocimiento de buenas prácticas. En efecto, los Pueblos Indígenas han identificado soluciones y buenas prácticas, basadas en sus propios saberes, ciencias, tecnologías, experiencias vividas y conocimientos contrastados por el tiempo, para la restauración de la producción alimentaria sostenible y los suelos, la protección de los ecosistemas y una transición genuinamente justa y equitativa, distinta de los modelos fundados en la imposición, la extracción y el colonialismo.7

Los Pueblos Indígenas siguen luchando con determinación

A pesar de este giro global a una velocidad sin precedentes y de todas las violaciones, agresiones, desalojos, pérdidas de tierras y efectos del cambio climático que lo han acompañado, los Pueblos Indígenas de todo el mundo también pudieron celebrar varias victorias en 2025.

Reivindicando sin cesar sus derechos, recurriendo al derecho nacional e internacional, convocándose en solidaridad para la acción colectiva y sin dejar que su espíritu se quebrara, los Pueblos Indígenas lograron en 2025 detener proyectos de infraestructura perjudiciales, proteger sus tierras, conquistar derechos en leyes y procesos nacionales e internacionales, ocupar posiciones de toma de decisiones, negociar la restitución de restos ancestrales y la compensación por daños históricos, y desarrollar sus propias estrategias de seguridad.

Los informes de la edición de este año muestran que los obstáculos a los que se enfrentan los Pueblos Indígenas en la protección de sus derechos, tierras, recursos, territorios y dignidad van en aumento. Sin embargo, las estrategias colectivas de los Pueblos Indígenas también se multiplican y no cesan de desplegar la inventiva, la adaptabilidad y la energía que siempre han tenido que movilizar.

Los Pueblos Indígenas saben lo que se les está arrebatando: luchan contra las injusticias del colonialismo y el extractivismo del pasado al mismo tiempo que contra una nueva fuerza económica que sigue ávida de sus tierras y sus conocimientos.

El colonialismo actual adopta la forma de políticas “verdes” que, en ocasiones, ignoran a los Pueblos Indígenas y reclaman sus tierras, lo que algunos han denominado “colonialismo verde”. La extracción de hoy sigue siendo la de los recursos, pero, con el auge de la inteligencia artificial, se expande hacia el conocimiento indígena y los datos recopilados sobre los Pueblos Indígenas, sus tierras y sus prácticas, a menudo sin su consentimiento.

Los Pueblos Indígenas lo saben y siguen luchando por sus derechos y por participar en igualdad de condiciones: en la toma de decisiones, en el reconocimiento y en todos los espacios, desde el ámbito local hasta el global. No obstaculizan el progreso ni la seguridad; simplemente quieren que ese progreso sea justo, y exigen que tanto las personas como los gobiernos rindan cuentas cuando esos procesos resultan injustos.

Los Pueblos Indígenas no se resisten al futuro; reivindican su derecho a darle forma, garantizando que las injusticias presentes e históricas no sean ignoradas ni repetidas.

Dwayne Mamo Editor General

Lola García-Alix Asesora sénior, Sistemas de Derechos Humanos

Kathrin Wessendorf Directora Ejecutiva

Copenhague, marzo de 2026


Este artículo forma parte de la 40.ª edición de El Mundo Indígena, una publicación anual de IWGIA que documenta e informa sobre los avances experimentados por los Pueblos Indígenas. Encuentre El Mundo Indígena 2026 completo aquí


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Notas y referencias

  1. Albert Kwokwo Barume. “Statement of the Special Rapporteur on the rights of Indigenous Peoples at the United Nations Permanent Forum on Indigenous Issues, 24th Session, Agenda Item 5(d), New York, 28 April 2025” (Declaración del Relator Especial sobre los derechos de los Pueblos Indígenas ante el Foro Permanente de las Naciones Unidas sobre Cuestiones Indígenas, 24.º período de sesiones, Tema 5(d) del programa, Nueva York, 28 de abril de 2025). https:// unsr.albertbarume.org/site/?p=974
  2. Albert K. Barume, “A/80/181: Identification, Demarcation, Registration and Titling of Indigenous Peoples’ Lands: Practices and Lessons” (Identificación, demarcación, registro y titulación de las tierras de los Pueblos Indígenas: prácticas y lecciones). Informe provisional del Relator Especial de la ONU sobre los derechos de los Pueblos Indígenas ante el 80.º período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, 13 de octubre de 2025. https://www.ohchr.org/ en/documents/thematic-reports/a80181-identification-demarcation-registration-and-titling-indigenous
  3. “Climate-Smart Mining: Minerals for Climate Action” (Minería inteligente frente al clima: minerales para la acción climática). Banco Mundial, última modificación en 2020. https://www.worldbank.org/en/topic/extractiveindustries/brief/ climate-smart-mining-minerals-for-climate-action
  4. “The Role of Critical Minerals in Clean Energy Transitions: Mineral Requirements for Clean Energy Transitions” (El papel de los minerales críticos en las transiciones hacia energías limpias: necesidades minerales para las transiciones energéticas limpias). Agencia Internacional de Energía, 2021. https://www.iea. org/reports/the-role-of-critical-minerals-in-clean-energy-transitions/mineral-requirements-for-clean-energy-transitions
  5. John R. Owen y Deanna Kemp. “Energy Transition Minerals and Their Intersection with Land-Connected Peoples” (Minerales para la transición energética y su intersección con los pueblos vinculados a la tierra). Nature Sustainability 6, n.º 2, 2023. https://www.nature.com/articles/s41893-022-00994-6
  6. Galina Angarova e Yblin Román Escobar. “What Does a Just Transition Look Like for Indigenous Peoples?” (¿Qué aspecto tiene una transición justa para los Pueblos Indígenas?). Debates Indígenas, 1 de junio de 2025. https://iwgia. org/es/noticias/5799-debates-2025-%C2%BFc%C3%B3mo-se-ve-una-transici%C3%B3n-justa-para-los-pueblos-ind%C3%ADgenas.html
  7. “Indigenous Peoples’ Principles and Protocols for Just Transition” (Principios y protocolos de los Pueblos Indígenas para una transición justa). Cumbre de Pueblos Indígenas sobre la Transición Justa, octubre de 2024. https://www. indigenoussummit.org/summit-outcome

Etiquetas: Global governance, Derechos Humanos

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