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Los desafíos de la coexistencia pacífica entre pueblos pastores de Kenia

POR MALIH OLE KAUNGA PARA DEBATES INDÍGENAS

El dominio colonial británico alteró los sistemas de vida de las comunidades indígenas a través del despojo de sus tierras fértiles, la imposición de sistemas de gobernanza ajenos, la introducción de fronteras y la criminalización de sus modos de vida basados en la movilidad. En la actualidad, la infraestructura, la exploración petrolera y la conservación en territorios de pastoreo exacerban los conflictos y socavan la vida cotidiana, al no respetar sus derechos territoriales ni su autodeterminación. La experiencia demuestra que la paz sostenible se alcanza con instituciones comunitarias robustas, el respeto mutuo y el fortalecimiento de las autonomías.

En Kenia, los pueblos que se identifican como indígenas son predominantemente pastores y cazadores-recolectores, a ellos se suman grupos más pequeños de pescadores y comunidades dedicadas a la agricultura a pequeña escala. Se estima que los pueblos pastores constituyen alrededor del 25 por ciento de la población nacional y habitan principalmente las tierras áridas y semiáridas del norte de Kenia, así como algunas zonas del sur del país a lo largo de la frontera con Tanzania.

Las comunidades cazadoras y recolectoras incluyen a los pueblos Ogiek, Sengwer, Yiaku, Waata y Awer (boni), mientras que entre los grupos de pastores se encuentran los Turkana, Rendille, Borana, Maasái, Samburu, Ilchamus, Somalíes, Gabra, Pokot y Endorois. A pesar de su diversidad, estas comunidades comparten desafíos comunes: la inseguridad en la tenencia de la tierra y sus recursos, el acceso limitado a servicios básicos, una representación política débil y, la persistencia de la discriminación y la exclusión. En los últimos años, estos problemas se han ido intensificando a medida que aumenta la presión por la tierra, el agua y los recursos naturales.

Dado que Kenia es en gran medida una sociedad patriarcal, las mujeres indígenas se ven afectadas tanto por su condición de integrantes de comunidades históricamente marginadas como por normas sociales arraigadas en sus propias sociedades. Estas dinámicas han limitado su acceso a la educación, a oportunidades económicas y a espacios de liderazgo, al tiempo que restringen su capacidad de incidir de manera significativa en la gobernanza cultural, la toma de decisiones y los procesos de desarrollo.

Contexto histórico de Kenia

Las raíces de las dinámicas de paz y conflicto que afectan a los Pueblos Indígenas del norte de Kenia están profundamente arraigadas a los legados coloniales y poscoloniales. En su mayoría son comunidades de pastores, junto con grupos minoritarios de pueblos cazadores-recolectores y herreros tradicionales. Estas remontan su presencia en la región al siglo XVII, cuando desarrollaron sistemas de subsistencia sostenibles, estructuras de gobernanza y tradiciones culturales, que favorecían la coexistencia pacífica, la responsabilidad compartida y el uso comunitario de los recursos.

Sin embargo, el dominio colonial británico alteró estos sistemas mediante el despojo sistemático de sus tierras más fértiles, a través de políticas como el establecimiento de las denominadas “Tierras Altas Blancas”, la imposición de sistemas de gobernanza colonial ajenos, la introducción de fronteras coloniales fijas y la criminalización de los modos de vida basados en la movilidad. Estas intervenciones fragmentaron los arreglos estacionales de uso compartido de los recursos y debilitaron las instituciones que históricamente habían regulado el acceso, mitigado los conflictos y preservado el equilibrio ecológico.

Tras la independencia, el Estado keniano mantuvo los modelos coloniales de gobernanza y desarrollo. Las políticas nacionales priorizaron la agricultura sedentaria, el desarrollo económico extractivo y el control estatal centralizado, mientras que las regiones de pastoreo permanecieron marginadas y con escasos recursos. El norte de Kenia fue concebido como una “frontera” periférica e insegura, y como “tierras baldías”, económicamente improductivas, que requerían control militar antes que inclusión basada en derechos. Esta visión consolidó patrones de subdesarrollo crónico, violencia estructural y conflictos recurrentes que aún persisten.

Herramientas globales de protección

Los mecanismos internacionales de derechos humanos han llamado la atención sobre la situación de las comunidades de pastores indígenas del norte de Kenia, en particular, en relación con el despojo de tierras, el desplazamiento inducido por el desarrollo y, la falta de consultas adecuadas en proyectos de gran escala de desarrollo, conservación y extracción. Las comunidades de pastores han realizado informes, consultas comunitarias, fortalecimiento de movimientos, labores de incidencia y trabajo con medios de comunicación, garantizando que las realidades locales sean consideradas en el escrutinio internacional. 

Relatores Especiales de la ONU sobre los derechos de los Pueblos Indígenas han subrayado que la tenencia colectiva de la tierra, la autodeterminación y la gobernanza indígena son elementos centrales para la prevención de conflictos y la resiliencia climática. A nivel regional, los estándares desarrollados por la Comisión Africana y la Corte Africana sobre derechos territoriales colectivos han reforzado aún más las reivindicaciones de los pastores. Estos compromisos internacionales y regionales han fortalecido los esfuerzos de llevar a cabo reformas en Kenia y han posicionado los enfoques liderados por Pueblos Indígenas y basados en derechos como fundamentales para la paz y el desarrollo sostenible.

A nivel local, las comunidades indígenas han dependido históricamente de sistemas complejos de gobernanza tradicional, arraigados en el derecho consuetudinario, los consejos de ancianos, la autoridad espiritual y, los acuerdos recíprocos para el uso compartido de la tierra. Estos sistemas incluían un acceso cuidadosamente regulado a los pastizales y al agua, como la restricción del pastoreo en determinadas zonas durante la temporada de lluvias para garantizar su disponibilidad en los períodos de sequía. Esta gobernanza resultaba adecuada para los pastizales áridos y semiáridos, caracterizados por precipitaciones escasas e impredecibles, y contribuía a la protección de la biodiversidad y de ecosistemas vitales.

No obstante, estas comunidades han sufrido procesos de marginación y exclusión social. Esto se ha traducido en un acceso limitado al desarrollo y la representación política, en diversas formas de explotación y en el desplazamiento forzado. Como consecuencia, han quedado expuestas a situaciones de pobreza multidimensional en un contexto marcado por los efectos del cambio climático.  En el mismo sentido, con el paso del tiempo, los sistemas de resolución de conflictos se han visto debilitados por el despojo de tierras, el estrés ambiental, la proliferación de armas de fuego y la imposición externa de límites administrativos que fragmentaron los territorios indígenas. 

Tierra, gobernanza y resiliencia climática

Un factor central de los conflictos en el norte de Kenia es la inseguridad en la tenencia de la tierra y, la erosión de los sistemas y estructuras de gobernanza indígena. Garantizar los derechos colectivos sobre la tierra es un pilar fundamental para la construcción de paz. En más de dos décadas de trabajo en el territorio, la organización Indigenous Movement for Peace Advancement & Conflict Transformation (IMPACT) se ha guiado por la visión de que la “seguridad en la tenencia de la tierra es la base de comunidades prósperas”. Para los pastores y cazadores-recolectores, la tierra no es sólo un activo económico, sino el fundamento de la identidad, la cultura, los medios de vida y la cohesión social. 

Esta urgencia ha orientado las intervenciones de IMPACT hacia la construcción de programas y modelos que apoyan la protección de la tenencia de la tierra, la gestión sostenible de los recursos, el fortalecimiento de marcos de gobernanza inclusivos, la revitalización de las instituciones indígenas de toma de decisiones, la promoción de la inclusión y la convivencia pacífica. De este modo, el trabajo se basa en el fortalecimiento de capacidades comunitarias para la defensa de sus derechos y en la promoción de marcos normativos nacionales, respaldados por más de 30 años de construcción de confianza entre comunidades y sus instituciones tradicionales, así como por alianzas sostenidas en el territorio.

Como resultado de estos esfuerzos, se ha consolidado un programa de protección de tierras comunitarias que ha apoyado a más de 30 territorios comunitarios para obtener el reconocimiento legal formal en el marco de la Ley de Tierras Comunitarias de 2016. Al anclar la construcción de paz en los derechos territoriales y la autodeterminación, estas intervenciones abordan los conflictos desde sus raíces estructurales, reducen la dependencia de mecanismos convencionales de resolución de conflictos y de respuestas securitizadas. De esta forma, las comunidades indígenas pueden gobernar sus territorios y recursos de manera más equitativa y pacífica.

El cambio climático es otro factor que ha alterado las dinámicas de conflicto en el norte de Kenia al intensificar la competencia por la tierra, el agua y los pastizales. A lo largo del último siglo, Kenia ha experimentado más de 28 sequías, cuatro de ellas en la última década, lo que ha agravado la vulnerabilidad en el norte del país. En este contexto, la paz sostenible depende de construir medios de vida resilientes al clima, arraigados en el conocimiento indígena y adaptados a los ecosistemas de pastizales. En consecuencia, IMPACT apoya el pastoreo como un medio de vida viable; promueve la restauración de pastizales y prácticas sostenibles; y fortalece la conservación liderada por Pueblos Indígenas y la gobernanza de los recursos naturales.

Hacia una una construcción de paz inclusiva

La construcción de paz en contextos indígenas debe ser intergeneracional y culturalmente arraigada. Las mujeres y las juventudes experimentan los conflictos de manera diferenciada y quedan excluidas de los procesos formales de paz, pese a que soportan los mayores costos de la violencia y el desplazamiento. En consecuencia, IMPACT impulsa una construcción de paz inclusiva mediante la facilitación de comités comunitarios de paz, el apoyo a la incidencia liderada por mujeres, espacios de formación intensiva, y el acompañamiento a juventudes como embajadoras de paz que promueven el diálogo entre grupos étnicos.

En este camino, IMPACT Kenia ha apoyado iniciativas transfronterizas y movimientos pastoriles regionales orientados a fortalecer el pastoreo sostenible y a abordar los factores estructurales de conflicto que trascienden los límites administrativos y nacionales. En conjunto, estos enfoques se apoyan en los sistemas indígenas de justicia, la memoria colectiva y las prácticas restaurativas, priorizando la sanación, la reciprocidad y la convivencia por sobre respuestas punitivas o militarizadas. De este modo, se refuerza vías locales y legítimas hacia la paz.

De cara al futuro, las dinámicas de paz y conflicto en el norte de Kenia seguirán estando condicionadas por el estrés climático, la seguridad en la tenencia de la tierra, las influencias políticas y las presiones sobre el uso del territorio, con riesgos persistentes de militarización, expansión extractiva y desplazamiento por el clima. Al mismo tiempo, existen oportunidades significativas de transformación: el avance en el registro de tierras comunitarias, el fortalecimiento de los sistemas de gobernanza liderados por Pueblos Indígenas, el reconocimiento del Consentimiento Libre, Previo e Informado, y una mayor participación y reconocimiento de mujeres y juventudes en la construcción de paz.

La experiencia de los Pueblos Indígenas del norte de Kenia demuestra que la paz sostenible no se alcanza mediante enfoques militarizados ni verticales, sino que emerge de comunidades seguras y fortalecidas, de instituciones comunitarias robustas y del respeto al conocimiento indígena y a la autodeterminación. En un contexto de intensificación de conflictos bajo presiones climáticas y políticas, la construcción de paz liderada por Pueblos Indígenas y basada en derechos ofrece caminos viables anclados en la justicia, la autonomía y la coexistencia. Estos enfoques no sólo son esenciales en Kenia, sino también en los debates globales sobre derechos indígenas, resolución de conflictos y rutas descoloniales hacia la paz.

Malih Ole Kaunga es Director Ejecutivo de Indigenous Movement for Peace Advancement & Conflict Transformation (IMPACT).

Foto de portada: Diálogo de paz intercomunitario. Foto: Lucy Lemaikai / IMPACT

Etiquetas: Derechos Humanos

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