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Construyendo alianzas en tiempos de pandemia: el recorrido zapatista por Europa

POR ROSALVA AÍDA CASTILLO HERNÁNDEZ

Tras un mes y medio navegando por el Océano Atlántico, los siete miembros del Ejército Zapatista llegaron al viejo continente. Con un sesgo anticolonial y antipatriarcal, visitarán comunidades que resisten a la destrucción de la naturaleza y al despojo de territorios de 30 países europeos. Ante la crisis del proyecto civilizatorio del capitalismo que generó el Covid-19, el zapatismo se propone estrechar lazos de solidaridad internacional que permitan pensar otros mundos posibles.

Lea el original en Debates Indígenas.

Pintura: Paola Stefani La Madrid

Después de 47 días de navegación, el velero La Montaña llegó al Puerto de Vigo. El recorrido por el territorio bajo control del Estado español incluyó Madrid, Mérida, Valencia y Barcelona, para después cruzar la frontera con Francia. El 16 de julio, la delegación zapatista fue bienvenida por varios movimientos anticapitalistas en el centro comunitario de Aubervilliers, un municipio a las afueras de París, donde los habitantes locales se han organizado para defender sus jardines y huertas de la destrucción que trae el desarrollo inmobiliario. En la ceremonia de bienvenida, escucharon a las organizaciones de migrantes Les Sans Papiers compartir sus experiencias de racismo y aprendieron de las luchas antisistémicas de otras organizaciones francesas. De este modo, el zapatismo se propone visitar los cinco continentes, coordinando luchas de resistencia por la vida y el medio ambiente.

Esta primera delegación marítima del Ejército Zapatista de Liberación Nacional había zarpado de México el 3 de mayo y está conformada por cuatro mujeres, dos hombres y una persona no binaria a quien denominan “otroa”. Por esta razón, se decidió nombrar a la delegación “Escuadrón 4-2-1”. Conociendo las ironías y referencias históricas que suele utilizar el zapatismo, el nombre probablemente remita también al Escuadrón 201: la unidad de combate aéreo mexicana que durante la Segunda Guerra Mundial participó en la liberación de Filipinas de las fuerzas imperiales japonesas.

Este escuadrón se ha convertido en un símbolo del internacionalismo mexicano contra el imperialismo, representado por el eje Alemania-Japón-Italia. Adelantándose a las críticas realizadas desde un nacionalismo recalcitrante que no entiende las razones de vincularse a otras luchas “cuando hay tantos problemas en el país”, la referencia al Escuadrón 201 nos recuerda una tradición de internacionalismo que ha sido parte de nuestra historia.

Un escuadrón antipatriarcal

Esta vez, el “Escuadrón 421” no está integrado por militares ni es una unidad de combate, sino que está formado por bases de apoyo zapatistas que tienen la misión de articular alianzas en la lucha por la vida y abonar a las semillas de la resistencia: No solo para abrazar a quienes en el continente europeo se rebelan y resisten, también para escuchar y aprender de sus historias, geografías, calendarios y modos”.

Esta primera delegación, a la que seguirá otra por vía aérea, está integrada por cuatro mujeres indígenas: Lupita (19 años, tsotsil), Carolina (26 años, joven tsotsil que vive en una comunidad tseltal), Ximena (25 años, cho´ol) y Yuli ( 37 años, tojolabal y hablante de tseltal). Completan la comitiva Marijose (39 años, tojolabal, quien se identifica como “otroa”, es decir, ni femenino ni masculino) y dos hombres, Bernal (57 años, tojolabal) y Darío (47 años, cho´ol). Antes de zarpar, los siete integrantes habían estado 15 días de cuarentena en una de las comunidades autónomas zapatistas del “Semillero Comandante Ramona” para garantizar que no estuvieran contagiados de Covid-19.

Con mayoría de mujeres, incluyendo a una mujer trans, la delegación es un reflejo de las transformaciones que se han dado al interior de las comunidades indígenas zapatistas. En efecto, desde el 1° de enero de 1994, la “Ley Revolucionaria de Mujeres” se ha convertido en parte de las normas comunitarias que rechazan cualquier forma de exclusión, discriminación o violencia hacia las mujeres.

Siendo el primer movimiento revolucionario en América Latina que pone en el centro de su agenda política los derechos de la mujer, el zapatismo ha transformado lo que las mujeres indígenas llaman “las malas costumbres”: una herencia de 500 años de colonialismo que coartaba su libre elección matrimonial y, las excluía de los espacios de poder y la herencia de la tierra. La presencia de Marijosé evidencia un cambio frente a la homofobia y la transfobia impuestas por el cristianismo en los territorios indígenas. Esto diferencia también al zapatismo de otros movimientos indígenas que, si bien denuncian al colonialismo, siguen reproduciendo sus valores heteronormativos y patriarcales.

El Covid-19 como crisis de un proyecto civilizatorio

Mientras la pandemia ya ha dejado un saldo de cuatro millones de muertos, los países más ricos acaparan dos tercios de la producción mundial de vacunas. El Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha denunciado esta “grotesca desigualdad en la distribución de las vacunas: “Los países ricos prefieren vacunar a gente joven y que no está en ninguna categoría de riesgo, a costa de que otros países no puedan vacunar a sus trabajadores sanitarios y personas mayores”. Los países que acaparan las vacunas son también los que más destruyen la naturaleza, creando así las condiciones para el surgimiento de enfermedades transmitidas por animales.

El origen del Covid-19 debe contextualizarse en el marco de un proyecto civilizatorio que ha destruido la naturaleza en nombre del “desarrollo”, y que ha mercantilizado la vida y los recursos naturales que la posibilitan. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente ha señalado que la capacidad de destrucción de la naturaleza del capitalismo global ha producido el desbalance ecológico que permite el surgimiento de nuevos virus: el ébola, la gripe aviar, el síndrome respiratorio del Oriente Medio (MERS) o el virus Nipah y el síndrome respiratorio agudo severo.

La destrucción de los bosques producida por el capitalismo ha acercado la vida silvestre y los asentamientos humanos. De este modo, junto a la avicultura y la porcicultura intensiva en granjas industriales, se han creado los ambientes propicios para que los virus pasen de los animales a los seres humanos. Al mismo tiempo, el desarrollo del transporte aéreo posibilita la rápida propagación de enfermedades por el mundo y contribuye al cambio climático a través de las emisiones de dióxido de carbono.

Estamos ante una crisis global que pone de manifiesto la necesidad de transformaciones profundas en las relaciones entre el ser humano y la naturaleza. Y estos cambios solo serán posibles si se articulan esfuerzos a nivel mundial. Esto es justamente lo que vienen realizando los zapatistas desde hace 27 años: la creación de espacios de articulación política entre sus proyectos autonómicos locales y las resistencias anticapitalistas en distintas regiones del mundo. Esta travesía es un esfuerzo más por tejer resistencias e intercambiar experiencias para defender la vida a lo largo y ancho del planeta.

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La crisis global originada por el Covid-19 pone de manifiesto la necesidad de transformar las relaciones entre el ser humano y la naturaleza. Foto: Enlace Zapatista

Una zona a defender en Francia

La última semana de julio, la delegación zapatista visitó la región agrícola de Notre-Dame-des-Landes, en el oeste de Francia. Resignificando el nombre de Zone d´Aménagement Différé (Zona de Ordenamiento Ulterior) por Zona A Défendre (Zona A Defender, ZAD), los habitantes han defendido sus tierras desde los años ‘60, contra la expropiación gubernamental de unas 1200 hectáreas para la construcción del tercer aeropuerto más grande del país, que conllevaría también al desarrollo urbano en sus tierras agrícolas.

Esta lucha exitosa ha implicado la construcción de espacios asamblearios conformados por ecologistas, campesinos, ciudadanos, amas de casa y estudiantes, lo cual ha fortalecido el tejido social. Durante varios años, esta articulación de resistencias ocupó el territorio con carpas y desarrolló las “Asambleas de los usos” en donde se discutían y resolvían los problemas comunitarios. Finalmente, en 2018 los activistas y defensores del territorio lograron detener la construcción del aeropuerto: el gobierno francés canceló el proyecto, desalojó por la fuerza a los manifestantes y causó divisiones entre los participantes.

El ZAD se ha convertido en una organización de referencia para la gestión colectiva del territorio: ha utilizado los años de lucha como aprendizaje político para fortalecer las formas comunitarias de toma de decisiones y democratización de la vida social. Los activistas del ZAD han viajado a México en varias ocasiones y han intercambiado experiencias con el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de Atenco, en su lucha contra el aeropuerto de Texcoco.

En 2014, una delegación del ZAD  participó en el Festival Mundial de las Resistencias y de las Rebeldías, organizado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el Congreso Nacional Indígena, con el objetivo de compartir experiencias con los pueblos indígenas de México. Ahora son ellos quienes están recibiendo  a la delegación zapatista: les han mostrado los retos y logros durante la resistencia al despojo, y la destrucción de sus tierras agrícolas.

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La delegación zapatista visitó Montreuil, donde fue recibida con música y artes gráficas. Las organizaciones denunciaron el despojo de tierras, la violencia policial, el racismo y las desigualdades en Francia. Foto: Daliri Oropeza

El Pueblo Sami y sus luchas contra el Tren Ártico

Una de las visitas programadas para la delegación zapatista es a las comunidades sami que resisten la construcción de un tren de alta velocidad que conectará a la ciudad finlandesa de Rovaniemi con la ciudad noruega de Kirkenes. Al igual que el denominado Tren Maya en México, se trata de un mega-proyecto de ordenamiento territorial que es parte del “Corredor Ártico” que unirá a Helsinki, Pekín y Bruselas, e incluye la construcción de un túnel bajo el mar Báltico que comunicará a Finlandia con Estonia.

El Tren Ártico partirá en dos el territorio sami y afectará las principales actividades económicas de un pueblo conformado por 100.000 personas distribuidas en comunidades dispersas en Suecia, Noruega, Finlandia y Rusia. Más allá de perjudicar la pesca por la contaminación, el ferrocarril también complicará el pastoreo de renos al impedir la libre migración de animales en busca de comida a lo largo del año.

Los representantes de los pueblos Sami han denunciado el impacto negativo de la industria extractiva en sus territorios, lo cual ha sido posibilitado por la Ley de Minería de Noruega y la Ley de Minerales de Suecia. La destrucción de su hábitat y el cambio climático atentan contra la sobrevivencia de este pueblo indígena: las capas de hielo están empezando a cubrir las praderas de su territorio y hacen más difícil la obtención de líquenes para alimentar a sus renos. En consecuencia, muchos samis se vieron obligados a migrar a las ciudades y convertirse en trabajadores precarizados.

Pero los problemas del pueblo sami no afectan solo a pequeñas comunidades aisladas. Los grupos ecologistas han documentado cómo el Ártico funciona como un aire acondicionado a nivel planetario. El calentamiento global ha causado la pérdida de tres cuartas partes del hielo de esta región en los últimos 30 años, con la consiguiente destrucción de la flora y la fauna que ahí habitan. Al defender su hábitat, los pueblos sami están contribuyendo a salvar al mundo.

Las resistencias al gasoducto por el Mar Adriático

Otra de las organizaciones que recibirá a la delegación zapatista es el colectivo NoTAP, integrado por comunidades del sur de Italia que se oponen a la construcción del Gasoducto Adriático Trans (TAP, por sus siglas en italiano). Se trata de un megaproyecto energético que tendrá una longitud de 878 kilómetros: 550 pasarán por Grecia, 215 por Albania, 105 por el fondo del Mar Adriático y 8 por Italia. El gasoducto significa una inversión de 4.500 millones de euros, de los cuales 3.900 millones fueron proporcionados por el Banco Europeo de Inversiones. De este modo, los contribuyentes de la Unión Europea han financiado una tubería de gas que va en contra de los acuerdos climáticos firmados por sus gobiernos.

Por supuesto que tamaña afectación a la naturaleza y a las actividades económicas regionales han generado varias protestas. La respuesta ha sido la misma que en otros lugares del mundo: los participantes han sido criminalizados y se vieron obligados a pagar multas altísimas por impedir con sus cuerpos el paso de la maquinaria pesada para la construcción del gasoducto. ¿Qué relación guardan estas luchas de campesinos italianos con los problemas locales de los pueblos indígenas y los zapatistas?

Los manifiestos del movimiento NoTAP expresan también una lucha contra los combustibles fósiles contaminantes que están causando el colapso climático que nos afecta a todas y todos. En un momento en el que resulta urgente reducir las emisiones de carbono y poner fin a la inversión en energía fósil, la construcción de gasoductos atenta contra el planeta.  Se trata del mismo modelo extractivista, que saquea las comunidades locales para enriquecer a empresas multinacionales, enfrentado por los pueblos mayas de México y Guatemala.

Un internacionalismo abierto a la solidaridad

Los colectivos en resistencia que recibirán a la delegación zapatista tienen en común un rechazo a los proyectos de destrucción y muerte que justifican el despojo de territorios y la destrucción de tejidos comunitarios en nombre del “progreso”: las organizaciones británicas Extinction Rebellion y Stop HS2 que resisten la construcción de un tren de alta velocidad; la articulación española en defensa de la salud y la educación pública; los sindicatos de vendedores ambulantes migrantes; las trabajadoras del turismo que defienden el salario digno y la seguridad social de las camareras; y las organizaciones griegas que han recibido a los refugiados de África y Asia.

Además de obtener herramientas para confrontar la xenofobia contra migrantes centroamericanos profundizada en México en los últimos años, la travesía zapatista será una experiencia que nos traerá las voces y sentires de colectivos que luchan localmente por la defensa de la vida. El internacionalismo del zapatismo es un ejemplo de las estrategias políticas transfronterizas y las alianzas globales que urge desarrollar en un momento histórico de crisis planetaria. Si no nos salvamos juntos y juntas, tendremos pocas posibilidades de seguir existiendo y de cuidar el mundo en que habitamos.

Como era de esperarse, el viaje ha despertado críticas virulentas entre los tradicionales detractores del zapatismo. En las redes sociales, se mezcla el racismo que señala que “estos indios deben ponerse a trabajar en vez de hacer turismo político” con las viejas teorías de la conspiración que denuncia que la Corona Británica financia el viaje para desestabilizar al Gobierno de López Obrador. Una crítica que aparece de modo repetido es la necesidad de concentrarnos en los problemas nacionales en este momento de crisis, en vez de distraernos con problemáticas que están muy lejos de la realidad mexicana.

Ante esta perspectiva, es importante recordar que la crisis sanitaria y socioeconómica originada por la pandemia es una crisis global que ha puesto de manifiesto la interconexión del mundo y los límites de un modelo civilizatorio caracterizado por la mercantilización de la vida y la naturaleza. Mientras los enfoques chauvinistas no logran ver más allá de las fronteras, es necesario comprender las raíces profundas de la crisis que vivimos y articular resistencias para lograr las transformaciones que se necesitan para salvar nuestro planeta.

Una versión anterior de este artículo fue publicada en la revista digital Rompeviento, únicamente en español.

R. Aída Hernández Castillo es antropóloga mexicana, colaboradora de IWGIA e integrante del colectivo “Llegó la hora de los pueblos”, en apoyo al Congreso Nacional Indígena (CNI) y al Ejército Zapatista de Liberación Nacional en México.

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